Il faut toujours garder les deux yeux ouverts,
un œil ouvert sur la misère du monde pour la combattre,
un œil ouvert sur sa beauté ineffable, pour rendre grâce.
-Abbé Pierre.

martes, 23 de febrero de 2016

Clic



        En una reunión de colegas conocemos a un cantautor, David Pozo. Entre risas y piscolabis David Pozo coge la guitarra y canta. A mi amigo Pablo le ha gustado escucharle, se declara fan.  

        —¡Me encanta! clic ¿dónde estás en internet?
 
        Smartphone en mano. 

        —¿Estás en spotiflai? clic, te voy a seguir, clic clic clic, no te encuentro, clic.

        David Pozo está ahí, pero Pablo lo busca en internet.

        clic


miércoles, 12 de febrero de 2014

Sabrás mi nombre cuando muera (queja de un paluego)

Foto: YNB
 
Desde tiempos de Alejandría
todo aquél que da sombra,
es decir, la mayoría,
recibe al nacer un homenaje
sonoro como el canto de la alondra
y esencial como su plumaje,
se lo ensalza y enaltece: se lo nombra.

Yo carezco de esa suerte,
y quisiera arrojar mi ruego,
pues al filo de mi propia muerte
me honran ya a deshora,
como si de niños fuera un juego
¡jamás se vio tanta demora!
Yo soy el Paluego.

Sí, un Paluego, un trocito de comida,
aquél que entre diente y diente
se enternece y cobra vida,
aquél que se acurruca
tras el bocado caliente
y tu muela estuca
con satisfacción ferviente.

Mi corta vida es un infierno,
una paradoja de lechuguino,
un abrigo sin invierno,
y un emblema de fracaso.
¿Qué falacia es ésta? ¡te conmino!
¿Me tomas por tonto acaso?
¿Por qué no haces cumplir mi sino?

Paluego es el nombre que obtengo,
y yo no expiraría triste
si pa luego fuera mi devengo;
si nada más ser bautizado,
con un palillo en ristre,
no me atacara el glotón descarado
como para retirar alpiste.

¿No es Aurora la que invita
cada mañana al sol a su casa?
¿No es su faz de flor, aquella la de Margarita?
¿No es Víctor el vencedor,
Valentín el intrépido sarasa?
¿No es Cupido el cómplice de Amador?
¿¡No es el rey Mufasa!?

Te propongo pues un trato, un acuerdo:
si descubres que en tu boca me hallo
déjame ahí un rato que no muerdo.
No me extirpes de tu esmalte,
yo que cubro encías como un sayo,
dame nombre, dame vida, no me espantes,
pues lo contrario no es un error, es un gran fallo.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Quisiera aclarar algunas cosas

 Foto: Hugo Sánchez

Quisiera aclarar algunas cosas.
No es un nudo lo que hay en la garganta,
es una trenza de raíz.
Las mariposas del estómago
más bien son murciélagos encaramados.
Cuando te miro a ti me veo a mí.

Al cerrar los ojos
no siento el pulso en los párpados,
siento la sangre inundar el aire negro.
Mi corazón no galopa ni cabalga,
se golpea cual loco contra las paredes.
Y no es que dé palos de ciego,
es que en lugar de remos mi barca lleva alas.

También quisiera aclarar
que la tristeza no me embarga, me desahucia.
Y no tengo miedo, tengo pánico.

Pero no te confundas,
la trenza me la como con patatas cada día
(con salsa picante está exquisita).
Los murciélagos me hacen reír hasta el delirio.
Para no aburrirme al verme en cada espejo,
en cada esquina,
me peino diferente si es de noche o si es de día.

La sangre que me inunda me emborracha,
el loco de mi pecho es sólo un tarado,
y en mi embarcación alada cabemos todos,
haciendo el pino, de pie o sentados.

Le agradezco el desahucio a la tristeza
porque prefiero ser nómada.
¿Y el pánico?
El pánico me da la puta vida.

Quisiera aclarar algunas cosas,
pero no todas porque son muchas.
No necesito que me entiendas,
sólo que parezca que me escuchas.



sábado, 9 de noviembre de 2013

Una vida mejor


     Mamadou lleva ocho años en España. Vino desde Senegal con su mujer a buscar una vida mejor. Mamadou es soldador de aluminio, aprendió cuando era un niño en su país, y ahora que vive en Madrid se gana la vida con este oficio.

    A los dos años de llegar tuvo la oportunidad de incorporarse a una empresa con buen volumen de trabajo en obras y proyectos de construcción. Me iama el chico un domingo, ¿quiere trabajar?, ven lunes en Fuenlabrada, ven en mi ofisina, chao. Es lunes, voy en la ofisina, ola cómo estás, mira así son las condisiones, firma aquí, tú traes papeles empiesa trabajar, tres meses de contrato.

    ¿Qué voy aser? No tengo papeles, tengo que aser este trabajo ombre, son milquiniento euro al mes. Y e recordado de mi amigo paisano que me a dicho ombre, si tú tiene trabajo ió dejo mis papeles, ió no consigo y tú puede utilisar. Me da vergüensa de mentir a ese chico, pero tengo que conseguir el trabajo. E ido en la ofisina con papeles de mi amigo, tú sabe, en la foto paresemos, somos de mismo año y todo, y disen que todos los negro paresemos igual.

    El chico no me a dicho nada, firma contrato y empiesa trabajar. En esta empresa emo echo aí en Embajadore edifisio, toda las vaia, reja y cosa de metal, e soldado ió. El chico me iama a veses sábado, cuando no trabaja, y ió voy, siempre digo sí voy a trabajar, de siete de la mañana a siete de la tarde.

    A veses voy aí en Casteiana con cuartel de militares a una obra, eios me an dicho tiene papeles y ió enseño de mi amigo. Ningún problema, e tenido mucha suerte. El jefe e caído bien y quiere que ió trabajo más. Ió quería desir que no tengo papeles porque me a dicho aser contrato indefinido, pero tengo miedo de perder trabajo. Ni siquiera españole que ievan aí dies, veinte año tiene ese contrato. Al final no e dicho nada porque jefe dise ió confío mucho en ti, quiero que siga conmigo. Ió estoy contento y porque tengo aí en esa empresa cuatro año trabajando. E tenido ija con mi mujer y emo podido vivir bien.

    Pero un día mi amigo dise que quiere cobrar paro, ió le digo podemo arreglar, te doy dosiento, tresiento euro al mes. Él dise que no, quiere cobrar paro y sabe, la gente le dise qué ase aí dejando papeles a otro y tú está jodido. Así que voy y digo a mi jefe yo nesesito pedir una vacasión para ir a ver a mi familia. Él me a dejado cuatro mese de vacasión, que él e muy majo, pero cuando quiero volver ió quiero desir de mis papeles porque ió no puedo seguir igual.

    E tenido vergüensa y e pedido a mi amiga española que me aiude ablar con mi jefe. Cuando emo ido con él, queda mudo, no puede creer, quiere aiudá pero no puede dar mi trabajo otra ves. Cuando tú tiene papeles sabe que aquí tiene trabajo, a dicho.

    Ase dó año que dejé ese trabajo y cuatro veses an denegado los papeles, ió no sé quién inventó eso pero me a tocado, y si te toca te toca. Ió no puedo quejá porque ai gente mucho peor, con la que está caiendo. Aora mi mujer a ido en Fransia con mi ija, ieva aí dó año, dise que voy aí trabajá, pero no e fásil, tengo que juntar dinero y e caro aí.

    Mamadou vive en Lavapiés, le he conocido en Ésta es una Plaza, un solar reconvertido en parque, huerta, biblioteca y lugar de reunión y juegos de una comunidad de vecinos autogestionada donde los niños corren por todas partes. Un lugar lleno de vida. Una vida mejor.


martes, 22 de octubre de 2013

La lengua más antigua del mundo


    En Prosíleon, la región más septentrional de la península de Ornesis, gélidas tierras bañadas por los mares árticos, se asienta la tribu de los psyr. El descubrimiento de esta tribu en la década de los 40 y el estudio realizado por el filólogo argentino Félix Aruelas Corín (1904-1998) han dado lugar a diversos documentos que describen los rasgos de su lengua: el kahrsi[1].

    Aunque los lingüistas ponen en duda la posibilidad de identificar o reconstruir idiomas cuya existencia exceda los cinco o seis mil años, algunos afirman que el kahrsi podría ser el más antiguo de la Tierra, anterior incluso a la lengua proto-mundo[2].

    Los psyr, con una población de unos quinientos habitantes, han evolucionado al margen de la sociedad moderna durante miles de años, son también conocidos como los supraoculi (ojos grandes) y sobreviven a día de hoy en un valle rocoso horadado por cuevas y complejas estructuras laberínticas, constituyendo también uno de los asentamientos humanos más antiguos y admirables habitados. 

    El Dr. Aruelas Corín ha detallado la morfología y sintaxis del kahrsi en un extenso compendio de artículos y grabaciones subvencionadas por la BBC, del cual he extraído los rasgos más genéricos (suficientemente fascinantes para el desconocedor y explicados de manera informal en el presente artículo).

    Así, nos hallamos ante una lengua única en su género. Las primeras observaciones describen cómo esta tribu parece comunicarse a través de sonidos muy largos, emitidos con la técnica de respiración circular y con sus interlocutores procediendo de manera simultánea. Anota el filólogo que “el aborigen, hallándose solo y, lo que es más sorprendente, durmiendo, resuena constantemente sin aparente interrupción, produciendo una suerte de ronquido cuasi infinito”.

    Los estudios iniciales van orientados a clasificar los diferentes sonidos para dar con patrones y estructuras reconocibles, pero la labor resulta ardua y harto complicada dado que, por un lado, dichas emisiones guturales no parecen diferenciarse por su cadencia ni articulación —suenan todas igual, al menos para el neófito—, y por otro, los sujetos de Prosíleon sólo interrumpen su arenga con ocasionales y misteriosos silencios al interactuar entre sí, lo que produce vocablos tremendamente largos prácticamente imposibles de adscribir a un catálogo lingüístico convencional.

    Al cabo de aplicar diversos enfoques, el Dr. Aruelas, en un fantástico alarde de percepción tangencial[3], da con la fórmula que rige la maravillosa esencia del kahrsi. Esta lengua no se compone de distintas articulaciones sonoras emitidas por el interlocutor —como toda lengua hablada conocida hasta entonces—, sino de las pausas que interrumpen dichas emisiones. Así, el psyr articula palabras cuando calla; el kahrsi es la ausencia de sonido, es una lengua afónica, silente. No emite, omite. El sonido es su lienzo, el silencio su mensaje.

    La asombrosa cualidad sigilosa de este lenguaje contrasta con el murmullo permanente que la rodea, que abruma y aturde a los visitantes al adentrarse en este reducto de la civilización.

    De sus múltiples particularidades, cabe destacar el uso potenciado de ciertas habilidades sensoriales en los kahrsi-hablantes. A este respecto, el Dr. Aruelas Corín propone en uno de sus artículos más celebrados el uso del neologismo sentiblo —homólogo de nuestro vocablo—, para designar cada palabra que compone esta lengua (vocare, llamar, por sentire[4], sentir). Una vez estudiado en profundidad podemos saber que el sentibulario kahrsi es incluso más extenso que el vocabulario de cualquier lengua moderna.

    La sutileza con que los psyr distinguen cada sentiblo radica en un sentido de la vista y del tacto hiperdesarrollados. (De ahí que sus rasgos físicos destaquen por esos enormes ojos y, como se ha sabido por estudios posteriores, una piel “más avanzada”, repleta de receptores sensoriales similares a los de las yemas de los dedos).

    Estos protohombres perciben la ausencia de vibración sonora en el aire y en los objetos y observan a su interlocutor con mirada atenta; en su tradición es más importante lo que no se dice. Han perfeccionado de tal manera la lectura del lenguaje corporal que el silencio es su máxima expresión verbal.

    Desde su hallazgo, y gracias a la difusión del trabajo de F. Aruelas Corín, no han faltado escritores y poetas embarcados en la difícil tarea de transcribir este lenguaje desde sus distintas perspectivas. Así, por ejemplo, encontramos la novela sin título del neoconceptual francés Gerard Crustard (1933-2009), íntegramente escrita en kahrsi, cuyos ejemplares no se pueden ni pudieron ser nunca adquiridos en ninguna librería.

    Bajo estas líneas se muestran los primeros versos del poema épico Shh (en su transcripción fonética), que narra la epopeya del homónimo héroe sordo en las cordilleras del Epicóndilo Magiar, del poeta inglés Jeremiah W. Ringstone (1937-1969).












Primeros versos de Shh, por J. W. Ringstone.

    Refiriéndonos a otras disciplinas artísticas, hay quien ha querido ver un homenaje a la lengua kahrsi en la conocida obra 4’33’’ del compositor vanguardista americano John Cage (1912-1992). (De hecho, aún están por estudiar los artificios musicales con los que los psyr enriquecen su cultura, “maniobras incomprensibles en superficies sonoras, gestos mudos y manipulaciones del aire que aspiran a atenuar la vibración de la Tierra y el Universo”, en palabras del Dr. Corín).

    Múltiples y asombrosos rasgos caracterizan la lengua más antigua del mundo, cuya enumeración exhaustiva escapa al ámbito de este artículo. Sin embargo, no quisiera concluir sin una reflexión final. Planteémonos lo fácil de pronunciar que resulta el kahrsi, lo conveniente y sin embargo inusual de su puesta en práctica en las sociedades avanzadas y, a su vez, la cantidad inabarcable de malentendidos y barbaridades que provocamos cuando, en ocasiones, callamos.


[1]. Del griego καηρσι, percepción.
[2]. Proto-mundo (o proto-humano) es el hipotético ancestro común más reciente de todos los idiomas del mundo.
[3]. Teoría de la percepción desarrollada por el filósofo y viajero en el tiempo G. Higgins Valdemar (2047-).
[4]. No es casualidad que la etimología del verbo sentir signifique originalmente oír, atributo que mantienen el italiano y el catalán, por ejemplo.

domingo, 6 de octubre de 2013

Instrucciones II

                                                                                                                            
                                                                                  Foto: Juan García González
 
Instrucciones para hacer un poema
(método antiguo)
sujete el espacio por un extremo
dóblelo sin mirar hasta desencajarlo
recorte fragmentos de tiempo
en trozos breves, largos y eternos
júntelos y aplique tinta adhesiva
deje transcurrir

Instrucciones para hacer un poema
(método moderno)
botón derecho
propiedades
hacer poema

Instrucciones para abrir un caramelo
tome asiento
desconecte su teléfono móvil
espere a que de comienzo el concierto
abra el caramelo en el adagio con sentimento

Instrucciones para dar un abrazo
peatón pulse
espere verde
abrace mientras espera verde
cruce cuando esté verde


martes, 25 de junio de 2013

Cuéntame un cuento

                                                                                                                                        Foto: Kris el Vikingo

Cuéntame un cuento.
Está bien, ¿cuál?
El de la ardilla.
De acuerdo, siéntate.

Érase una vez una ardilla
que gustaba de ver a sus amigos.
Ellos eran el pájaro,
el caballo
y la salamandra.

El pájaro era un tipo ocupado,
cuando no estaba traduciendo textos a tres idiomas
volaba de un lado a otro trajeado
con su maletín lleno de papeles.

El caballo podía haberse dedicado a las carreras,
pero era payaso por amor al arte.

La salamandra disfrutaba panza arriba
del sol y la luna por igual
y soñaba que montaba en moto por el desierto del Gobi.

La ardilla,
que escribía versos en prosa
y sólo se cansaba de la desidia,
reunió a todos un día y les explicó:

He visto un prado
donde las flores crecen hasta ser árbol.
En él hay un lago
donde el agua suena como el mar.
Los peces
te saludan entre la hierba,
y el cielo está cosido a la tierra
con cristales de sal.
¡Vamos!
Podemos bajar rodando
y llegar antes de que anochezca.

 El pájaro se disculpó, tenía una reunión.

El caballo se rió, pensaba que era una broma.

La salamandra no había escuchado, se había despertado con la risa del caballo.

La ardilla,
que escribía versos en prosa
y sólo se cansaba de la desidia,
recordó algo sobre estos señores.
Ellos eran el pájaro,
el caballo
y la salamandra
—.
 
Recordó que eran amigos no porque sí,
si no porque había crecido con ellos
hasta ser más que árbol.
Con ellos había escuchado la lluvia,
que suena como el mar.
Conocido lo desconocido,
agarrado las estrellas,
cristales de sal y luz azul.

Eso recordó.
En este otro prado
donde el tiempo moría al nacer,
rodando una y otra vez
cada anochecer.

Cuéntame otro cuento.
Está bien, ¿cuál?


domingo, 3 de marzo de 2013

Hoy



Hoy me acaricias
con gemas y alhajas.
Hoy creamos en sueños,
de vidas presentes y atadas,
el jardín de las delicias.

Hoy me ofreces tesoros
de palabras abrazados
con labios,
pecados,
luz,
suspiros
y brazos amados.

Hoy me regalas
sonrisa y vida.
Y es que la poesía,
la que tienes por alas,
de nada sirve
si no es compartida.

martes, 29 de enero de 2013

El mar

 
                                                                                                                                    Foto: Maxi Conesa


¿Y si el mar quisiera ser de aire?
Habitar el cielo,
volar con los sueños
que vieron nacer sus alas.
Medir el tiempo,
acariciar
con la punta de los dedos
tu mirada.

¿Y si el mar fuera de tierra?
Las entrañas del camino
con su sangre llenaría.
Abrazar las raíces
del olivo centenario
y guardar en su regazo
los tesoros del olvido,
eso haría.

¿Y si el mar bailase al son del fuego
dibujando poesía
con su lengua incandescente?
En su ira encontrarías
la canción más serena

dulce
demente,
y a la vez tardía.

Pero el mar no quiere viento,
no es arena,
no arde y baila.
Si así fuera
no habría lluvia
que borrase mis recuerdos
ni la sal
de tus lágrimas.

martes, 8 de enero de 2013

Los sueños de Guido

                                                                                                        Foto: Isabel Munuera

Doquiera que des tu oído
reman los sueños de Guido.
Mira de canto la escala,
famoso el Himno a San Juan.
Soltura de voz y de habla
labran sonidos divinos,
silencio y firme compás.


Pequeño homenaje en verso a un curioso episodio de la historia de la música… En la Edad Media se cantaba un himno dedicado a San Juan Bautista que tenía una particularidad: cada frase musical comenzaba con una nota superior a la que antecedía. Guido d’Arezzo, monje benedictino que vivió en el siglo XI, tomó la primera sílaba de cada verso como alternativa a los nombres antiguos de las notas, que hasta entonces se denominaban con letras del abecedario. El texto decía así:

Ut queant laxis

resonare fibris

mira gestorum

famuli tuorum

solve polluti

labii reatum

Sancte Ioannes.

Para que puedan

exaltar a pleno pulmón

las maravillas

estos siervos tuyos

perdona la falta

de nuestros labios impuros

San Juan.


Cinco siglos más tarde, fue un tal Anselmo de Flandes el que sugirió que las iniciales del último verso, Sancte Ioannes, dieran nombre a la nota Si. Y ya en el siglo XVII el musicólogo Giovanni Battista Doni cambió Ut por la primera sílaba de su apellido.

Quedó así definido el nombre de las notas musicales: Do Re Mi Fa Sol La Si (que componen también el comienzo de los versos de "Los sueños de Guido"). Este sistema convive en la actualidad con sus predecesores: en Francia, por ejemplo, siguen usando Ut en lugar de Do, y en países anglosajones predomina el uso de las siete primeras letras del abecedario, siendo A B C D E F G equivalente a La Si Do Re Mi Fa Sol. Sin ir más lejos, las claves de Sol, Fa y Do son las letras G, F y C un tanto ornamentadas y transformadas por el tiempo.


Evolución de las claves musicales
Fuente: Wiechowicz Stanisław: Ćwiczenia w starych kluczach. Część pierwsza.
3-głosowe utwory dawnych mistrzów (XIII-XVIII w.).
Cracow, Polskie Wydawnictwo Muzyczne, 1953.


Existen muchos más sitemas para nombrar los sonidos, fantásticas herramientas de codificación que nos ayudan a hacer música, poemas y viceversa, pero que en ocasiones transmiten mensajes inquietantes, como este que surge de combinar el solfeo occidental con el sargam de la India: Si MiDo Mi LaDo ReLaMiDo PaGaRé SaNiDá. Ahí lo dejo.

jueves, 3 de enero de 2013

¿A qué has venido?

                                                                                                                             Foto: Juan García González

He venido
a inventarme los colores
que el pintor derramará
por las aguas
del río;
no soy más
que un trozo de hilo
anudado por un lado
al extremo
del olvido.

Van conmigo las maletas
ocupadas con vacío
según si el paso es fértil
o baldío;
estaré cerca de aquél
que conciba el temor
como un amigo
del camino.

No hay error posible
si lo único que hacemos
es cruzar de un lado a otro
con las manos abiertas,
los ojos abrazados
y el corazón
henchido.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Sinergia intrapersonal

                                                                                                                             Foto: Juan García González

    Me presento, me llamo Ira Gneis. Estoy acostumbrado a repetir mi nombre porque causa confusión. Ira Gneis, con g muda. Aunque con este apellido no lo pasé bien en el colegio, mi autoestima se vio levemente restaurada en la adolescencia cuando aprendí en clase de geología que el gneis es una piedra muy útil, resistente y funcional.
   Por otro lado mi madre, que es de Carabanchel pero de origen hebreo, quiso obsequiarme con un pedazo de nuestra historia familiar, el nombre de mi bisabuelo, un hombre que murió atropellado por un carrito de helados. Ira, que en castellano significa furia y en hebreo atento. Estos dos atributos antagónicos, la irritabilidad y la perspicacia, han contribuido a formar mi carácter. Soy un tipo meticuloso y maniático, no me tomo en serio los rituales sociales, pero soy observador, y no ignoro que se me considera hosco y ligeramente antipático. Sin embargo mi dureza es relativa, pues he notado que mi presencia en ciertas situaciones afecta de manera inesperada e insólita.
    En una ocasión, por ejemplo, fui testigo e instigador de un romance sorprendente. El portero de mi antigua finca era torpe, delgaducho y poco agraciado. Una mañana, mientras me entregaba correo atrasado junto a la escalera, una vecina sin antecedentes conocidos de índole carnal (señora viuda de perfil respingón y peinado gris, con joyas de oro, excesivo perfume y un caniche bajo el brazo) al cruzarse con nosotros perdió la compostura de manera ostensible ante la insulsa voz de Regino. Se detuvo embelesada y las gafitas se le empezaron a resbalar a causa de un irrefrenable sofoco, se le desabrochó involuntariamente un botón de la blusa y, una vez hube abandonado la escena con cierto pavor, sucumbió a los encantos del apocado bedel a juzgar por los gemidos de loca que pocos minutos después emanaron del ascensor, audibles desde cualquier punto del edificio y tan solo desafiados por los ridículos ladridos del caniche Perlita, que sentía herido su orgullo canino -más aún si cabe con ese nombre- sin duda porque le habían dejado en el pasillo.
    Mi psicoanalista dice que tengo un trauma de la infancia y que tengo que superar barreras mentales, que no es bueno que me atribuya la autoría de la conducta alterada de terceros. Pero mi psicoanalista, el doctor Olivares, tiene sesenta y tres años y desde que acudo a su gabinete ha reducido su jornada a la mitad para dedicar las mañanas a la escalada, descenso de cañones y piragüismo. A veces le tengo que esperar en la consulta mientras él llega tarde, aún con ropa deportiva, con unos auriculares de última generación escuchando a los Strokes a todo volumen y dedicándole versos picantes a su secretaria, que se pone roja y asegura que este comportamiento es totalmente nuevo en el doctor.
   Pero no quiero extenderme en este superpoder a la Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de la novela de Süskind que provoca hechos inverosímiles con sus perfumes, habilidad que salpimenta mis días con anécdotas tan peculiares como irrelevantes. Más bien quiero contar cómo esta vez me la han jugado a mí.
    El viernes antes de ir al despacho decidí desayunar fuera de casa. No lo he dicho, pero trabajo en una conocida multinacional heladera. Tras el accidente, mi bisabuela recibió una generosa indemnización y curiosamente lo que le quitó la vida a mi bisabuelo tocayo nos ha acabado dando la vida a sus descendientes en forma de negocio familiar. Como iba diciendo, quería desayunar fuera, así que entré en un bar cercano y pedí un croissant y un café solo. El local estaba tranquilo, había dos o tres personas, las paredes estaban grasientas, olía a fregona sucia y el camarero representó su papel de camarero, justo lo que yo esperaba en esa mañana anodina. Mi papel también lo seguí, no hay como actuar según las expectativas de un entorno aburrido conocido, no estaba yo para florituras.
    Así que allí me encontraba sorbiendo café con un trozo de croissant en la boca, leyendo de soslayo los titulares más destacados en un periódico usado. Ni siquiera me di cuenta de que alguien se había sentado en mi mesa hasta que abrió la boca.
    -Ya no quedan osos en Siberia.
    Era una mujer de pelo negro y liso, con gafas de sol y una gabardina. Tenía cierta clase y a la vez un aire despistado, la piel muy clara, los labios demasiado pintados y una sonrisa nerviosa. Pensé que se parecía a Shelley Duvall.
    -¿Cómo dice?
    -Ya no quedan osos en Siberia.
    Creí que se refería a alguna noticia conocida por todos que a mí se me había escapado. Para no parecer desinformado le dije con cierta indiferencia:
    -Desde luego que no, no como los de antes.
    Me escrutó, imaginé que alzaba los párpados inferiores bajo los cristales oscuros y tras una estupenda pausa dijo con aprobación:
   -Es usted más hábil de lo que creía, casi ni le reconozco… La agencia los suele enviar menos preparados y se les nota a la legua.
    Me quedé un instante pensando si realmente se habría extinguido el mentado mamífero siberiano, pero algo me dijo que debía dejar esas cavilaciones de lado y estar alerta ante este inesperado encuentro. Decidí seguirle la corriente a Shelley.
    -Me llamo Trabazón, Jaime Trabazón- improvisé.
    -No he venido para hacer amigos, sígame.
    La portezuela del baño estaba entreabierta, Shelley se acercó a ella, miró alrededor con precaución, comprobó que nadie la observaba y, sin entrar, tras hacer un gesto de complicidad con el camarero, cerró la puerta un instante, giró con destreza cual manivela un perchero que había en la pared, volvió a abrir y me tiró de la solapa para que la siguiera.
    El baño, antes un cubículo apestoso de un metro cuadrado, se presentaba ahora como la sala de espera de un dentista del futuro, con amplias, impecables y luminosas paredes, un mostrador que diríase de alabastro, y tras él una señorita uniformada con una sonrisa que parecía que le había tocado un premio.
    -Aquí tienen sus credenciales, señores. Por favor, accedan al transbordador, les están esperando.
    Una puerta automática se abrió con sonido de suspiro y nos subimos a un cochecito como de montaña rusa, pero mejor.
    -No hagas preguntas, el comité te dirá todo lo que necesitas saber.
    Había empezado a tutearme, a estas alturas me daba apuro sacar a esta mujer de su error. Obviamente me había confundido con otro, pero no estaba yo del todo incómodo porque había conseguido llevarme en la mano lo que me quedaba de croissant.
    -No he pagado el café…
    -Tranquilo, la agencia cubre los gastos. ¿No te dan ticket restaurant? Ya hemos llegado, por aquí.
    Subimos por una escalera de caracol a lo que parecía una plataforma para aterrizar helicópteros, nos acercamos a una enorme mesa en forma de media luna en la que señores encorbatados ensayaban poses solemnes. Con nuestra llegada se hizo el silencio y uno de ellos, azorado, se puso el bigote que tenía apartado seguramente para descansar de tanta seriedad. Me pareció ver por debajo de la mesa que uno llevaba puesto un tutú rosa, y justo cuando me disponía a constatar este hecho, el que se hallaba en el centro, un tipo calvo al que el pelo se le había caído a la barba, tomó la palabra.
    -Bienvenido, agente. No nos andaremos por las ramas, el asunto que nos ocupa es de suma importancia. Como sabe, le ha sido encomendada esta peligrosa misión por su experiencia en el terreno. Confiamos en su capacidad para llevar a buen término los objetivos de esta operación, por favor, no nos defraude. La inversión de los polos magnéticos terrestres está programada a las veinte horas del día cero, su cometido será accionar a tiempo el acumulador de eones asumiendo el menor número de bajas posible. La configuración del dispositivo ha sido meticulosamente estudiada por nuestros ingenieros para que se salven los inversores y los ejecutores primero, y a continuación, en progresión geométrica exponencialmente inversa, los técnicos, los animadores, los aglomerantes, y por último los pringados. Encontrará el equipo necesario con instrucciones precisas en la oficina central, recibirá apoyo permanente vía satélite y al término de la operación podrá consultar su saldo en cualquier cajero automático con su tarjeta club. Si completa con éxito la misión dispondrá además de cinco créditos extra para su plan de exilios planetarios. Ahora, por favor, salga sigilosamente, el agente Ramírez ya está sirviendo cañas y no puede atender las salidas y entradas. ¿Tiene alguna pregunta?
      -He sido informado de que el café lo paga la agencia… 
    -Así es, sin embargo me temo que la bollería no está incluida. Tiene la cuenta esperando en su mesa. Una cosa más, apague la luz al salir, estamos recortando gastos.
    Pensé en pedir el libro de reclamaciones por avasallar a un cliente, estos tipos parecían vivir a lo grande y si jugaba bien mis cartas podría conseguir un pase doble para el zoo o el aquarium.
    -Aquí ha habido un error, me estoy empezando a irritar. Mi nombre es Ira Gneis…
    -¿Cómo?
    -Ira Gneis, mi madre…
   -Por supuesto, agente, conocemos su otra identidad, es parte del guión. Si es tan amable, tenemos una reunión urgente, estamos especulando sobre unos terrenos en el sistema solar vecino, si nos disculpa.
    Shelley Duvall me tomó del brazo, me acompañó de vuelta al cochecito y de ahí al vestíbulo futurista.
    -Me despido aquí, dame tu credencial, ya giro yo la manivela desde dentro.
    Me pasó el dedo por la mejilla para quitarme un churrete de café y se giró para hablar de marcas de pintauñas con la señorita sonriente. Salí del baño y cerré la puerta detrás de mí, me acerqué a la mesa y efectivamente ahí estaba el platito con la cuenta. Pagué, salí a la calle sin despedirme del agente Ramírez y cogí un taxi a la oficina, a la que llegaba tarde.
    Hoy he ido a ver al doctor Olivares. Después de dejar apoyada en un lado de la salita una tabla de snowboard ha escuchado mi relato y dice que estoy haciendo progresos, que es mucho más saludable proyectar la sinergia intrapersonal sobre uno mismo que sobre otros.
    -Por cierto, doctor, ¿y su antigua secretaria?
   -Salió corriendo después de darle cita a usted la semana pasada y me ha llegado la noticia de que se ha hecho equilibrista de circo.
   

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Trapatiestas

                                                                                         Dibujo: Candela Sánchez Martín


El tiempo fue a una fiesta de disfraces y se disfrazó de espacio.


Destilería "La Vida Moderna":
someta su alma a altas presiones y llévese sus lágrimas en un frasco.


La mirilla es voyeur de reojo de lascivos llave y cerrojo.


Un sabio se expresa como un libro abierto; una maruja como un pergamino desenrollado.


El sentido común es la única especie que se extinguirá si dejamos de cazarla.


Su cara me suena mucho, por favor, baje el volumen.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La noche mal cerrada

                                                                                                                                       Foto: Isabel Munuera

Él escribe hormigas con ojeras
que miran con trazo mojado
tras las ventanas de la infancia,
allá donde la lluvia escribió su primera palabra.

Él camina escriviviendo;
se hospeda en la casa prestada
donde el mar era un silencio que se curó con olas,
donde nunca estuviste y aún me esperas.

Él dice que no dice,
elige elegir y aprende a gritar.

Se pregunta si no somos
más que un lápiz desgastado
que ha olvidado y ha bebido,
que aún tuviera porvenir.

Que aún quisiera verte amar
y que empezara el invierno
bar adentro
junto al viento y su latido.

Él afirma que la taza está servida
que un mendigo tuvo vida,
y que ya recogen
en la noche mal cerrada
los cubos de la amargura.

Ahora yo también quiero
dejarme caer para elevar el vuelo.
Enseñar trampas para perder
y poder así,
sin miedo,
inventar la realidad.


domingo, 4 de noviembre de 2012

Antirretrato

                                                                                                                                                  Foto: Jorgenn

Si yo fuera de alguna manera
llenaría páginas de tinta.
Si tuviera rasgos distinguidos
los enumeraría minuciosamente.
Si tuviera pelo, ojos, boca,
se reflejarían en este espejo.
Y si tuviera fuerza o acaso sangre
moriría un poco cada día para seguir siendo.

Pero soy un poco como nada,
una idea dibujada en coordenadas inventadas.
El calor de esta piel es apariencia,
se arruga por conveniencia y no por convicción.
Un impulso que compone madrugadas
más que nada para parecer que soy.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Malentendido

                                                                                                                          Foto: Juan García González

Ella:

ven
abre el tiempo sin demora
canta al viento que en su hora
fue quien tuvo a bien partir

Él:

sin raíces, ya cansado
con delirios en mis sienes
tú no sabes a quién tienes
corazón, qué tan rasgado
¿a pedir mi amor tú vienes?

Ella:

luz
que simula estar desnuda
y en la húmeda ternura
da sus brazos bajo el mar

Él:

ignorante es lo que has dicho
el camino más frondoso
luciría más hermoso
tan oscuro por capricho
si olvidaras lo amoroso

Ella:

sal
de esta vida que en su huida
no te quiso todavía
y te vio palidecer

Él:

¿me convidas a viajar?
pues que sepas que lozanos
con sus dedos y sus manos
mis sentidos dio en atar
el ahora y sus hermanos


jueves, 11 de octubre de 2012

El hombre

                                                                                                                             Foto: Maxi Conesa

    Un hombre está sentado en mitad del desierto. Hay montañas de escombros, entramados de raíces arrancadas forman madejas a medio tejer. Alrededor nada, sólo desierto, nada. Él está sobre una piedra ancha, con los pies descalzos hurga en la arena caliente. Sus brazos acaban en manos apoyadas y muñecas doloridas, mira hacia abajo con sus ojos, mira hacia adentro con sus entrañas. El sol le quema la espalda, no sabe desde cuándo está en este lugar.
    Este hombre hace preguntas. Su amigo, su sangre, su hermano… este hombre hace preguntas pero el fuego del aire las deshace. Su ropa está hecha jirones, cree haber llegado en un naufragio. Sí, nota la sal en los labios y el pelo áspero, metal en las encías. En sus oídos aprieta una voz, un grito de otro hombre que le ahoga, es tan fuerte que se parece al silencio, pero pesa como una vida. Aprieta los dientes y los párpados, exhala aliento de tierra, y le abrasa por dentro. La voz le da tregua y se aleja con una brisa tenue.
    Este hombre ha abrazado el amor, y el amor ha llorado en sus brazos. Pero no es este el lamento que lo acompaña. Él ha matado, ha matado con sus manos a su amigo, su sangre, su hermano. Lo ha matado con sus manos, con sus palabras y con su corazón. Ahora el llanto que ansía son alfileres oxidados, una terrible maldición apoya la mano sobre su hombro, y no comprende si esto es dulce o amargo. Quiere aprender a romperse, es una figura de barro que se pensaba hombre y acaba de descubrir con perplejidad su naturaleza. Nunca la fuerza y la fragilidad se habían mirado tan de cerca, un hilo mantiene unidos el cielo y la tierra.
    En el desierto la luz no sabe a quién querer, no entiende a los hombres, no entiende la vida, no entiende la muerte. El hombre sentado tampoco sabe, pero su dolor arde como la esfera que escupe su sombra. Contiene la respiración, ésta podría ser la eternidad, el sudor muerde la piedra y no hay reflejo en sus ojos llenos de polvo. Ya no hay tiempo, se congelan las horas y la llanura que lo rodea es un precipicio infinito. Su cuerpo se esparce y se funde con las raíces, que no le tienen rencor.

lunes, 1 de octubre de 2012

¿Tú quién eres?

                                                                                                                                         Foto: Hugo Sánchez

soy la espada
que acaricia
con su aliento las heridas
que dejaron en tu rostro
las mentiras

soy el día
que en tu vientre
apaga el alma y al ocaso
bebe el vino que olvidaste
en el fracaso

soy el viento
llevo atados
con escamas tus excesos
no soy nadie ni soy nada
sin tus besos

soy la luz
que ya no habita
báilame en el firmamento
¿tú quién eres? yo soy tú
yo soy el tiempo

lunes, 24 de septiembre de 2012

Burocracia de finales de siglo

   Interior, noche, la luz de un generador chispea sobre un escritorio. Una conversación, dos individuos, uno es personal burocrático, el otro ciudadano de a pie, el primero lleva chaqueta de skay, pelo engominado, barba rala, el segundo viste con menos clase, sostiene una boina de fieltro en sus manos, comparece encorvado y es interrogado acerca de un incidente con un gato cojo.
  Nombre.
  Gustavo.
  Apellidos.
  Higgins Valdemar.
  Fecha de nacimiento.
  Veintiocho de diciembre de dos mil cuarenta y siete.
  Estado civil.
  Separado.
  Estado mental.
  Separado también.
  Número de Contribuyente.
  Ciento setenta y cuatro mil quinientos diecisiete.
  Dígame, señor… Higgins Valdemar. ¿Dónde se encontraba usted la noche de los hechos?
  Estuve en mi receptáculo, señor.
  Algunos testigos afirman haberle visto en la escena del incidente.
  Subí a la superficie a recoger sal del dispensador comunitario, señor.
  Usted sabe que está prohibido acceder a la superficie después del toque de queda.
  Sí, lo siento señor, mi madre no soporta las transcelgas sosas.
  No es excusa, velamos por su seguridad, no podemos garantizársela si no acata las normas, señor Higgins Valderrama.
  Valdemar. Lo comprendo, señor.
  Describa su periplo al dispensador de sal.
  Pues verá, primero atendí el ruego de mi madre de prepararle su baño de pies, me dispuse a verter el salfumán para eliminar los hongos y…
  Por favor, limítese al grupúsculo horario comprendido entre su partida y su regreso al cubil.
  Claro, disculpe. Salí con la mascarilla de mi cuñado, la mía la tenía a lavar, me quedaba un poco grande así que no iba cómodo, además usted sabe que a veces el olor de otra persona le puede transportar así ¡zas! en un instante a otro tiempo y lugar, pues la mascarilla de mi cuñado me transportó a las rodillas de mi abuelo cuando era un mocoso.
  Su abuelo.
  No señor, cuando era un mocoso yo.
  Esta información es irrelevante.
  No señor, usted verá, el recipiente de vidrio soplado de cabeza metálica horadada…
  El salero.
  Eso es, señor, el salero, lo llevaba yo con dulzura, si se me permite la antítesis.
  Al grano, señor Hawthorn.
  Higgins. A lo que voy es que una serie de sucesos inevitables me llevaron a tardar más de lo deseado, sabía que estaba incumpliendo la ley del toque de queda y a mi madre se le enfriaba el rehogado, así que decidí apretar el paso, con tal mala fortuna que el mentado salero se me desprendió de estos dedos gurruminos.
  El asunto del toque de queda será gestionado a su debido tiempo, ¿tuvo o no tuvo que ver usted con el desplazamiento contra natura de Copito?
  ¿Copito?
  El gato de la señora Villagordo, su excelsa vecina. Asumo que ha leído usted el informe clínico y que está en posesión de sus facultades según el artículo SCAM barra dos, su declaración será certificada como vinculante y...
  Sí, sí, desde luego, Copito, excelsa. No, yo no tuve nada que ver. Además, cuando quise acariciarle el muñón me mordió el malnacido.
  Así que reconoce haber tenido contacto con el denunciante.
  Lo único que le puedo decir es que aquel gato me recordó a mi abuelo, señor, él estuvo en la guerra del Verano Insidioso donde perdió una pierna, yo estaba contrariado por haber dejado caer el salero y no sopesé las consecuencias que se derivarían de este acercamiento.
  Usted debería sopesar más a menudo. Como sabe, Copito ha interpuesto una denuncia por maltrato psicológico.
  Disculpe mi expresión cetrina, no me hallo en buen estado.
  Quizás un exceso de sal.
  ¿Me toma el pelo, señor?
  Aquí las preguntas las hago yo, Valde Higginsmar.
  Higgins Valdemar.
  El afectado pide una compensación por daños y perjuicios.
  ¿De cuánto estamos hablando?
  Insisto en que el que pregunta soy yo. Cinco mil pesercios o treinta y siete meses de servicios sociales, la Comunidad se encargará de reportar al damnificado la suma correspondiente aplicando las debidas retenciones y, o, en su caso, impuestos derivados de los gastos de vacunación, castración y desparasitación.
  Vamos, que a Copito le va a quedar una sexta parte.
  Yo sólo hago mi trabajo, puede usted consultar y exponer sus dudas utilizando su chip yugular, siempre que lo tenga con los papeles en regla, claro.
  Déjelo, acabemos cuanto antes con esta deliciosa diligencia. Me quedo con los treinta y siete meses de servicios sociales.
  Puede usted elegir campo de implantes o atención al clon deprimido. Aquí tiene los formularios, tiene usted que escanear aquí su retina, eso es, deposite aquí su dermis y firme con saliva en el identificador lingual, procure... eso es, no escupir fuera. Le llegará el resto de la documentación en un periodo de dos mil ciento sesenta horas, debe permanecer en su cubículo durante este tiempo para evitar una posible prórroga penal post mortem que se aplicaría a sus descendientes.
  Pues se lo agradezco mucho, señor.
  ¿Va a querer realizar alguna otra operación una vez concluida la presente?
  Sí.
  Un momento, por favor.
 
  Dígame.
  Pues deme media docena de huevos coloraos y una baguette de poliestireno.
  ¿Para llevar o para introducir?
  Para llevar, si es tan amable.
  Aquí tiene, don Guillermo Vladimir Harrods, y por cierto, felices fiestas, parece que se ha quedado buena noche.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Instrucciones I

                                                                                     Grabado: Anna Pownall

Instrucciones para lavar una lechuga
determine un momento y lugar
retire cuidadosamente sus prejuicios
propicie el contacto entre la lechuga y abundante agua fresca
respire con normalidad

Instrucciones para ver la televisión
encienda el aparato
abra los ojos
apague el cerebro
cierre el corazón

Instrucciones para subir una escalera
sitúese en el extremo inferior
elija un estado de ánimo
empuje hacia abajo un peldaño, luego otro
(si se quiere pueden ser consecutivos)
repita el punto anterior hasta que se acabe la escalera

Instrucciones para escuchar música
baje el volumen de sus ideas
póngase las orejas de escuchar
suba el volumen de las ideas de otros